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Paisajes, Pasajes, Simbolismos, Costumbres y Personajes de Baja California Sur, México.

"La California Original"

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Es una página sólo para californios de profundas raíces en la Auténtica California y californios, por adopción, que aman esta tierra como propia, que han creado un verdadero vínculo de identidad y pertenencia con ella.


Los Primeros Vinos Californianos Fueron Elaborados en
Baja California Sur, "La California Original"

Hablar de la elaboración de vinos en California lo lleva a uno, de inmediato, a pensar en el famoso y reconocido Valle de Guadalupe, en el de Santo Tomás y en la zona de San Vicente en el vecino estado de Baja California, o bien en el Valle de Napa en la California gringa, es cierto, es en esos lugares donde actualmente se producen, en cantidades industriales, muy buenos vinos y muy reconocidos a nivel mundial sin embargo, poca gente sabe que los primeros vinos de California se elaboraron en La California Original, el actual estado de Baja California Sur en México y que, aún hoy, se continúan haciendo de la misma forma rustica de antaño tal cual los elaboraban los misioneros jesuitas que fueron los que introdujeron la vid vinícola a California.

Fueron los misioneros jesuitas los únicos que finalmente lograron “conquistar” el agresivo territorio de California. Corría el año de 1697, a mediados del mes de octubre, cuando los primeros extraños que de forma permanente permanecerían en California entraban a la ensenada o bahía de San Dionisio, frente a ésta estaba el sitio denominado Conchó por los indígenas monquis, una rama de los indios guaycuras, que habitaban en la región. Estos nuevos “conquistadores”, digo nuevos porque ya antes, por un largo período de más de 164 años habían existido otros muchos que intentaron conquistar lo que se había tornado en “la tierra inconquistable” y, en esos momentos, ya la conquista de California era un objetivo prohibido debido al alto costo que hasta la fecha había representado para la corona española sin resultado remunerativo alguno, prohibición hecha oficial para cualquiera de sus súbditos. Entre los primeros que intentaron tal cometido estuvo el gran conquistador de México Hernán Cortés sin embargo su fracaso en la mítica tierra de tesoros y amazonas fue total y catastrófico, luego de Cortés vendrían otros y obtendrían el mismo resultado que él: el rotundo y total fracaso. Expulsados no tanto porque se hubiesen topado con aguerridos indígenas que los rechazaran, se toparon con algo más que eso, algo contra lo que el europeo no pudo, por muchos años, lidiar antes de conseguir por fin asentarse en la tierra, un medio hostil, naturaleza desértica, calurosa y de agresivo monte, un medio poco obsequioso de elementos que pudieran usarse para la subsistencia y, como añadidura para rematar el panorama, sin agua fácil de obtener y escasas lluvias. Esos nuevos “conquistadores”, los de 1697, no eran otros más que el S.J. Juan María de Salvatierra y un puñado de acompañantes militares y personal de servicio que un día de octubre del año indicado desembarcaron en la playa de lo que hoy es Loreto, ellos fundarían, unos días después de su arribo, la primera misión religiosa permanente en tierras californianas y la bautizarían con el nombre de Nuestra Señora de Loreto Conchó, nombre que le daban en honor a la Virgen de Loreto, patrona de la encomienda, con el añadido Conchó como alusión al nombre indígena del sitio, los primeros europeos permanentes en tierra californiana ponían entonces, por fin, pié en la playa lauretana.

Con la llegada de los jesuitas se empiezan a introducir a California los primeros elementos domesticados por el hombre, plantas y animales, inician también la exploración tierra adentro enterándose de las bondades y/o iniquidades del nuevo, para ellos, territorio. Un poco tiempo después del primer desembarco llega a sumarse a la misión evangelizadora el S.J. Francisco María Píccolo quien funda en 1699 la Misión de San Francisco Javier Viggé Biaundó localizada sobre la sierra de La Giganta a unos treinta kilómetros de la costa lauretana y de la primera misión, la de Nuestra Señora de Loreto Conchó. Se suma al poco tiempo también uno de los “gigantes” misioneros jesuitas que entrarían a California y morirían en ella, el S.J. Juan de Ugarte, nacido en Tegucigalpa, Honduras.

Ugarte, a la sazón radicado en la capital de La Nueva España, deja la cátedra en el afamado colegio de San Pedro y San Pablo en México para sumarse a los “conquistadores” de La California en el año 1701. Estos incansables exploradores descubren que en las serranías californianas, en algunos de sus escarpados y húmedos cañones de la cordillera de La Giganta, había uva cimarrona y sospecharon, con cierto grado de certidumbre, que en la nueva tierra podría reproducirse la vid domesticada de forma satisfactoria, de hecho el clima sureño caluroso en extremo y de invierno de leve frío se antoja o mejor dicho es no muy propicio para la vid vinícola. De acuerdo con las crónicas históricas del S.J. Miguel del Barco narradas en su obra Historia Natural y Crónicas de la Antigua California, fue Juan de Ugarte quien realizó los primeros cultivos de vid en la misión de San Fco. Javier Viggé Biaundó así como también fue en ese sitio donde se realizaron las primeras plantaciones de árboles frutales entre los que se encontraba el olivo, así que, con el fruto de ese árbol se elaboró el primer aceite de olivo de todo el noroccidente americano desde el Cabo de San Lucas hacía el norte y con el fruto de la vid se elaboraron también los primeros vinos de esa amplia geografía continental, éstos para ser usados en el rito de la consagración durante la celebración de la misa, para eso los misioneros jesuitas tuvieron que circunscribirse a la elaboración de estos vinos de forma rustica y artesanal.

Del Barco narra, refiriéndose a las uvas cimarronas y a las acciones de Ugarte lo siguiente: “... Las uvas son menudas  y nunca maduran, de suerte que queden dulces; antes bien siempre son agrias, y cuando más pudieran servir, si se recogieran cantidad, para hacer vinagre. Cada racimo tiene como ocho o diez de estas pequeñas uvas o poco más. Dícese que el primer pensamiento que el padre Juan de Ugarte tuvo de llevar vides a la California fue excitado de ver en ella estas silvestres de que hablamos, infiriendo que, pues la tierra por sí misma producía esta especie, sería a propósito para plantar en ella con buen efecto otra su semejante, aunque sin comparación más noble. Es cierto que el primer árbol, extranjero de la California, que se plantó en ella fue éste. El dicho padre Ugarte hizo llevar de las misiones del Yaqui unos sarmientos, que plantó en su misión de San Javier, diciendo a sus indios que brotarían, crecerían y darían uvas muy sabrosas... ”. En la misma crónica Barco narra, refiriéndose a Ugarte: “... y el padre prosiguió después con los suyos en disponer más tierras y aumentar la sementera, según lo que el agua alcanzaba a regar; de suerte que logró allí muy buenas cosechas de trigo y maíz, que fueron de mucho alivio en aquellos calamitosos tiempos. En este sitio(1) edificó iglesia y casa para el padre y otras para indios y formalizo pueblo. Allí plantó un parral, y después una viña de que se comenzó a hacer el primer vino en la California...”. Esto ocurría entre los años de 1706 a 1707 lo cual da una idea de la antigüedad de la tradición vinícola en California. El reconocido y famosos enólogo de Baja California, Camillo Magoni, reconoce tal hecho en su magistral obra Historia de la Vid y el Vino en la Península de Baja California. No obstante, lo dicho sobre la uva cimarrona no es enteramente cierto o aplicable para todo el sur peninsular ya que, en relación a la uva cimarrona del extremo sur, en las estribaciones de la sierra de La Laguna, podemos asegurar que es una uva que madura perfectamente y es agradable al gusto resultando más bien de un sabor agridulce pero detectándose en ella una buena presencia de azucares, su racimo es más profuso que el mencionado e incluso, con ella los rancheros lugareños elaboran un vino rustico que llaman vino de uva silvestre.

Esos vinos tiernos y dulces elaborados en la misión de San Francisco Javier fueron los primeros hechos en California y se continuaron haciendo hasta la expulsión de los jesuitas de tierras californianas lo cual ocurrió en 1768, incluso fue la elaboración de estos vinos y el supuesto “enriquecimiento” de los misioneros, al comerciar con ellos, uno de los agravantes, entre muchos otros, en el pliego de acusaciones realizadas en su contra para justificar su expulsión de los dominios españoles y dar a los civiles instigadores y gobernantes involucrados manos libres para actividades de explotación humana y de recursos así como de expansión poblacional y colonización ante lo cual los jesuitas eran férreos oponentes, para eso el juego político entró en acción logrando por fin hacer a un lado el obstáculo, ese mismo juego, el arma de la política, es usado ahora por muchos y en muchas circunstancias en grado superlativo para conseguir tal o cual beneficio. A la salida de los jesuitas del sur peninsular los vinos se continuaron elaborando por los frailes que ocuparon su lugar en las misiones jesuitas y por civiles propietarios de pequeños huertos, así la tradición implantada se continuó de tal suerte que ha llegado en ésta, La California Original, hasta nuestros días de forma ininterrumpida. Una referencia más sobre los vinos Californianos se tiene también en la obra “Baja California Ilustrada” de J.R. Southworth escrita en el año de 1899. En ella, J. R .S. hace alusión a los vinos californianos peninsulares en varios pasajes: “...En San José de Gracia, verdadero nido de águilas, se produce una uva exquisita de la que se obtienen vinos superiores á cualquiera de los que ha conocido el autor de estos apuntes, entre los que se incluyen los de la ‘Cresta Blanca’ de la Alta California. ...”. Más adelante, en el mismo párrafo comenta: “San José de Gracia y La Purísima, población situada al sur, producen los mejores vinos de Baja California.”. En otro lado se lee, en referencia a la municipalidad de Comondú: “... La mayor parte de los habitantes del municipio se dedican á la cría de ganado vacuno, mular y caballar, solamente en Comondú, La Purísima y San Javier, á la agricultura; sus cosechas son pasa, dátil, higo y vino de uva. La Cosecha del año 1898 en el municipio fue como sigue: Pasa..20,000 kg; Higo..50,000 kg; Dátil...12,000 kg; Vino de uva...7,500 hectólitros...”, (Esta cifra en lo particular me causa duda ya que un hectolitro equivale a 100 litros). En otro sitio alude como el mayor productor de vino de la región de La Purísima a un Sr. Pilar Casillas de quien refiere que produce  “...sobre 100 barriles de vino de uva anualmente...”.

Antiguamente, en apartadas regiones y en los pueblos misionales, la cuba o depósito para recibir el jugo al exprimirse de la uva era de cuero de res el cual se colgaba de unos horcones o un recuadro de madera construido exprofeso; en la parte superior se colocaba un recipiente con orificios para ahí exprimir la uva, luego el jugo pasarlo de esa cuba a los barriles o depósitos de fermentación para esperar sus consabidos cuarenta días. Hoy aún existen en La California Original muchos sitios donde los vinos son hechos aún con uva de la cepa de vid introducida por los misioneros jesuitas, la tradición llama a esta cepa “vid misional” o “uva misional” en clara alusión a su origen. Los vinos originales y tradicionales en esta California aún se hacen en sitios como San Francisco Javier (Viggé Biaundó) que fue su cuna, san Miguel y San José de Comondú, La Purísima (Concepción de Cadegomó), San Isidro, San Ignacio (de Kadakaamán), el sureño San Pedro de la Presa y en otros muchos alejados ranchos de la sierra de La Giganta algunos frente a la población de Mulegé y otros frente a la costa de Océano Pacífico. Los actuales vinos descendientes de los vinos jesuitas resultan ser muy rústicos, carecen hasta el momento de una calidad estandarizada y nada que pueda ser bien llamada o digna de mención, vinos tiernos, con altos sedimentos, dulces, con poco tiempo de maduración como no sea los días sólo para completar su fermentación y poco homogéneos sin embargo, es un producto muy gustado por la gente autóctona y sobre todo es una antigua, la más antigua y aún viva tradición vinícola de California, lo que esto representa le da a estos vinos, si bien nada competitivos a nivel de la industria vinícola actual, si un valor inigualable por lo que históricamente representan y que, además, resulta un producto sin agregados químicos y de esencia natural, esto es de gran valor y marca la diferencia ante los vinos industrializados. Con base en ese valor en los últimos tiempos se ha volteado a ver su potencial como producto artesanal, tradicional e histórico y se ha iniciado, por llamarlo de alguna manera, su rescate y la mejora en la calidad de elaboración. Al producto se le ha dado por llamar “Vino Misional” un nombre que encierra todo lo que representa además de distinguirlo y diferenciarlo de las formas de los vinos industrializados que actualmente existen en el mercado. Será pues al parecer el Vino Misional de La California Original el que conserve las formas de los primeros y más antiguos vinos del noroccidente americano.

En fecha reciente se llevó a cabo en la también antigua población de San José de Comondú, en el municipio de Comondú Baja California Sur, el segundo festival del Vino Misional con resultados de alguna manera alentadores aunque muy fallo en los eventos culturales periféricos por falta de una adecuada coordinación. Concurrieron en esta ocasión a exponer sus vinos catorce productores de la región vitivinícola más antigua de California y calificaron su calidad expertos, al parecer, sommeliers que dictaron consejos que servirán para la mejora y al mismo tiempo la conservación de las tradicionales formas que serán a fin de cuentas las que darán el valor agregado a este producto regional artesanal que resulta ser el antiguo Vino Misional. Es bueno que ésta oculta y particular forma y tradición vinícola de La California Original se dé a conocer y su producto se demande en bien de la economía de esta gente, sin embargo, hago votos porque esa forma sea respetada en su cabal tradición y los productores locales no caigan en la tentación, en aras de obtener un recurso económico fácil, de adulterar y falsear el producto así como su auténtica procedencia y originalidad de tal suerte que malogren, desvirtúen, y sobre todo, desvaloricen el potencial que hoy tiene la noble tradición. Esta advertencia la hago porqué, como dice el mexicano dicho, conozco a mí gente, así que, se la dirijo a Tencha para que me entienda Tirsa. Es, tal vez, conveniente qué, para las próximas exposiciones o muestras se compruebe el sitio de elaboración y así verificar si quien expone es un avezado o al menos un real productor. A continuación se muestran algunas imágenes del evento de la Segunda Muestra de Vino Misional:

(1).- El sitio actual de la misión de San Javier, en aquellos tiempos cabecera misional, fue originalmente llamado San Pablo (visita misional). Posteriormente, la cabecera misional se cambia a éste sitio incluyendo el nombre de San Javier, el sitio original queda así abandonado y el nombre de San Pablo queda sin efecto.

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